
-Te acostumbrarás. Las despedidas forman parte de la vida, créeme.
Tenías lágrimas en los ojos. Te regalé mi libro de poesía y dije que podrías leerlo si te sentías sola. Cogiste la mochila y te la colgaste al hombro. Apoyada en el quicio de la puerta, suspiraste.
-Cuídate, acerté a decir.
Y se marchó. Asomado en la ventana supe que era la última vez que la veía marchar. Se volvió justo en el último instante. Su melena brilló un últmio momento al sol y sus ojos me miraron una última vez. Paso a paso se alejó de mi vida. Levanté la mano en un intento de decirle adiós que se convirtió en un grito desesperado por querer retenerla. Pero no pude… Era demasiado tarde.









