Cuentan que hace mucho tiempo nació un niño que podía volverse invisible si así lo deseaba. Al principio se mostró reticente a hacerlo, pero se dio cuenta de que le resultaba útil para cazar animales, escapar sin ser visto y tomarse tiempo para pensar en sus cosas. Prometió a su familia y amigos que solamente se desaparecería los días de luna llena, porque era entonces cuando su sombra delataba su posición. De esta forma tampoco desaparecía del todo, pero tenía más libertad. Durante el día todos se chocaban con el invisible. Tenía que llevar máximo cuidado para esquivarlos, pero a veces resultaba muy difícil. Tropiezan con él cuando la luna sale tarde, no pueden ver su sombra y lo pierden para siempre. Porque a nadie le gusta ser invisible.

2 comentarios:

paurib dijo...

Si alguna vez me dieran la oportunidad de volverme invisible lo primero que haría sería... ¡Mirarme en el espejo para comprobar que realmente soy invisible!

Mariel Ramírez Barrios dijo...

Pues yo le envidio
profundamente
desde niña
ya sea por mi metro y 75 o por mis sombreros atìpicos
y ahora
porque nunca estoy entre la majada
estoy HARTA de la mirada del otro
del juicio del irresponsable
de aquel que opina sobre mì y no tiene idea de nada
Quiero
necesito
ser invisible
Y como mi isla tiene sòlo un cocotero
arena y mar
y es todo lo que necesito
te aseguro que no me chocarìa con nadie.
Abrazo
No hagas gesto alguno
la gente pensarà que estàs loca
Estàs abrazando la nada?
has visto?
Juzgaràn lo que no ven
y tù lo sentiràs-Mi abrazo,digo

Protegidas!

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