Esta es la historia de un pianista. Mientras tocaba, su emoción era tal, que en el punto álgido de la obra, al ir a atacar EL acorde, cogió demasiado impulso. Bajó tanto las muñecas, que se le torcieron los dedos hacia arriba. En vez de un fa#m7-5, comenzó a sonar un crac-crac-crac-crac-crac (uno por cada dedo... esto sí fue todo un acorde de quinta aumentada)

Desde entonces, vive con los dedos en ángulo recto. En sus conciertos tiene que tocar colgado del techo, para poder tocar las teclas con las yemas de los dedos, como hacía antes. Mientras le aplauden, se inclina hacia arriba y se incorpora uno poco, para que no le baje demasiado la sangre a la cabeza.

5 comentarios:

EsSa dijo...

Sin palabras...
Me ha encantado esta historia.

Acertijo dijo...

Hermosa historia!.. Yo solia ser como aquel pianista pero en vez de seguir tocando por pasion y aun colgado del techo decidi parar y aprender a vivir con eso.
Solo iva pasando pero creo que lo haré mas frecuente pues tus historia son buenisimas!

Siempre,Acertijo

Cesc dijo...

Y se siente único, però a la vez triste y desgraciado...
Las dos caras de una misma moneda. Por que va la gente a sus conciertos? Por su música o por la peculiaridad de cómo toca?

Me gusta esta imaginación que le das a estas pequeñas historias

paurib dijo...

¿Pianistas? Algo me suena el tema. ¿Acordes imposibles? Conozco algunos. El elegido, muy bien descrito por tu parte. Intentaré saltármelo al leer la partitura, no vaya a ser que...

pati dijo...

Hay personas que sienten sus acordes tan apasionadamente que no dan pena, sino envidia...

Como siempre, chapó ;)

Besitos :)

Protegidas!

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