Pasé por el segundo exacto del día del mes en el que te conocí. Y pasé sin darme cuenta. Como si chocarme contigo no hubiera cambiado mi vida. Como si no importara cuanto apenas. Mírate. Has crecido. Tienes barba. Trabajas en un despacho con un gran escritorio, con un sillón enorme. La gente debe respetarte. La placa en la que pone tu nombre y tu cargo así lo indica. Te tienen miedo. Y disfrutas con ello. Nosotros lo pasamos bien juntos. ¿Lo recuerdas? Claro que no. Para ti no fui nada más que un compañero del que podía prescindir. Un socio sin olfato. Compañero de clase que no tendría trabajo al salir de la facultad. Alguien en quien no pensaba cuando se veía en la cima. Eso fue exactamente lo que dijiste.

Paso por el segundo exacto del día del mes en el que te conocí. Y me doy cuenta. Pero ya no me importa en absoluto. Eso era exactamente, lo que quería decirte. Estás despedido.

3 comentarios:

paurib dijo...

Exactamente. No habría que guardáselo todo dentro pero a veces es la mejor solución. Supongo que siempre has creído que hay que tener la paciencia suficiente como para decir las cosas en el momento oportuno. Siempre tan elegante. Siempre tan perfecta.

Mariel Ramírez Barrios dijo...

OJO CON ESTO
qUE EL MUNDO ES REDONDO
Y RUEDA

LO QUE NO ES TAN POÈTICO
NO HAY QUE ESCUPIR PARA ARRIBA
.TELÒN LENTO

elen dijo...

Definitivamente la vida da muchas vueltas.

Protegidas!

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