La respuesta la tenía cerca. Tanto que no me di ni cuenta. La respuesta estaba en el bolsillo de mi abrigo, dentro de un sobre. El sobre pesaba bastante, y pensé que la información que llevaba la había estado esperando mucho tiempo. Me dediqué a observarlo durante una hora entera, debatiéndome en abrirlo o dejar que lo hiciera otro. Había memorizado cada letra, cada sello, pero lo primero que hice al verlo fue deslizar uno de mis dedos sobre él. Era papel del bueno. Suave al tacto. Venía de arriba, las cosas importantes siempre vienen de arriba. Y siempre lo hacen dentro de sobres caros. Tomé aire y rasgué el papel. Las primeras letras me confirmaron que no había sido buena idea. “Nos ponemos en contacto con usted para informarle de que ha sido el ganador de un crucero por...”. Falsa alarma. Solté una maldición.


Viernes, día de colegios.

-Parece que me está sonriendo. -Pero, ¿qué dices? No pueden sonreír, además, si tú vivieras enjaulado, ¿sonreirías mucho? -Ya, tienes razón. Acércame esa manzana a ver si se la come. -Vale, pero pierdes el tiempo, te la volverán a lanzar. -Ahora que lo dices, yo no podría vivir ahí dentro, sin poder moverme. Pero aún así, fíjate en su conducta. Siempre enseñando los dientes. Mira a aquel bostezar, casi veo el último antílope que se ha comido. -Lo veo un poco difícil. La especie humana que vive en esa jaula no caza antílopes, he oído que se los llevan a museos…-Le dijo el león al tigre.

Me parece que el punto de vista cambia si somos nosotros lo enjaulados. ¿Y a ti, a quién te gustaría enjaular?


Cuentan que hace mucho tiempo nació un niño que podía volverse invisible si así lo deseaba. Al principio se mostró reticente a hacerlo, pero se dio cuenta de que le resultaba útil para cazar animales, escapar sin ser visto y tomarse tiempo para pensar en sus cosas. Prometió a su familia y amigos que solamente se desaparecería los días de luna llena, porque era entonces cuando su sombra delataba su posición. De esta forma tampoco desaparecía del todo, pero tenía más libertad. Durante el día todos se chocaban con el invisible. Tenía que llevar máximo cuidado para esquivarlos, pero a veces resultaba muy difícil. Tropiezan con él cuando la luna sale tarde, no pueden ver su sombra y lo pierden para siempre. Porque a nadie le gusta ser invisible.



Pasé por el segundo exacto del día del mes en el que te conocí. Y pasé sin darme cuenta. Como si chocarme contigo no hubiera cambiado mi vida. Como si no importara cuanto apenas. Mírate. Has crecido. Tienes barba. Trabajas en un despacho con un gran escritorio, con un sillón enorme. La gente debe respetarte. La placa en la que pone tu nombre y tu cargo así lo indica. Te tienen miedo. Y disfrutas con ello. Nosotros lo pasamos bien juntos. ¿Lo recuerdas? Claro que no. Para ti no fui nada más que un compañero del que podía prescindir. Un socio sin olfato. Compañero de clase que no tendría trabajo al salir de la facultad. Alguien en quien no pensaba cuando se veía en la cima. Eso fue exactamente lo que dijiste.

Paso por el segundo exacto del día del mes en el que te conocí. Y me doy cuenta. Pero ya no me importa en absoluto. Eso era exactamente, lo que quería decirte. Estás despedido.

Protegidas!

About

:)