La respuesta la tenía cerca. Tanto que no me di ni cuenta. La respuesta estaba en el bolsillo de mi abrigo, dentro de un sobre. El sobre pesaba bastante, y pensé que la información que llevaba la había estado esperando mucho tiempo. Me dediqué a observarlo durante una hora entera, debatiéndome en abrirlo o dejar que lo hiciera otro. Había memorizado cada letra, cada sello, pero lo primero que hice al verlo fue deslizar uno de mis dedos sobre él. Era papel del bueno. Suave al tacto. Venía de arriba, las cosas importantes siempre vienen de arriba. Y siempre lo hacen dentro de sobres caros. Tomé aire y rasgué el papel. Las primeras letras me confirmaron que no había sido buena idea. “Nos ponemos en contacto con usted para informarle de que ha sido el ganador de un crucero por...”. Falsa alarma. Solté una maldición.


