Ruinas, ¿no ves que por dentro estoy en ruinas? Mi cigarro va quemando el tiempo, tiempo que se convirtió en cenizas. Raro, no digo diferente, digo raro. Ya no sé si soy yo el que está al revés o soy yo el que está cabeza abajo.

Y aunque sé que no es mío brindo por aquellos momentos en los que creiste que Fito era el mejor guitarrista del mundo. Y por aquel momento que me pasé una tarde entera intentando averiguar cuál era la canción que el chico que se sentó a mi lado dijo que era evocación a uno de mis libros favoritos, Momo, en una clase cualquiera de Sociedad de la Información, ¿te acuerdas? Sé que no es tu favorita. Pero la mía sí. Aunque sea sólo por ese recuerdo...



Me sorprendió la melodía, la letra y el hecho de verme buscando algo que sabía que no encontraría. Sí. Yo no me sé las canciones, ni los acordes. Pero esta fue una de las primeras canciones que compartimos. Sin ni siquiera escucharla juntos. Hoy Fito toca en Valencia. ¿Que cómo lo sé? Simplemente porque sé que te gusta. Y porque quería sorprenderte. Pero hoy suenan los Beatles. También en casa. Canta, yo te escucho...


Un día cualquiera, de un mes cualquiera, de un año cualquiera. Eso era esta mañana. Atemporal. Y sin miendo se despertó. Se vistió, arregló la habitación y desayunó con su familia. O lo que quedaba de ella. Las demás sillas no estaban vacías:migas de galletas, tostadas, incluso una mancha de mermelada paracía que no querían desprenderse de la mesa ese día cualquiera, de un mes cualquiera de un año cualquiera.

Pero no era un día cualquiera. Era el día en el que volvía a empezar todo, o terminaba todo para siempre. Así que se dijo a sí misma que no valía la pena. Que lo que tuviera que pasar, que pasara. Que el vivir no va desemparejado del sufrir. Y si pensaba que para vivir había que sufrir, había vivido mucho. Quizás demasiado. O quizás todavía no se había enfrentado a la vida de verdad. Seguro que no. Pero el mundo no tenía por qué enterarse. Qué más les daba a ellos, ¿verdad? Así que aunque sólo fuera por ella decidió ponerle nombre: 26 de abril de 2010, lunes, para no olvidarlo nunca.

Y eso sólo significa que toca luchar. Pelear. Sufrir... Y vivir. Y con una sonrisa... Porque es de héroes sonreír cuando el corazón llora.
El mes d abril es un mes curioso. Nunca se mete con nadie. Lo cierto es que le sabe mal ser el mes lluvioso, éso, a la gente, le pone triste, con tantos nubarrones. Pero sabe que no es culpa suya, que a alguien le tiene que tocar.

El mes de abril es un mes celoso. Sí, se sabe parte de la primavera, que la sangre altera, pero también sabe que la gente suele preferir el mes de mayo, que es cuando empieza a hacer calor, o al menos un calorcito de esos que te permiten pasear tranquilamente por la noche sin helarte de frío.

El mes de abril es un mes feliz. El año ya empezó hace tanto que la gente se olvida de la cuesta de enero, el corto de febrero y el ventoso marzo.

El mes de abril es un mes culto. Alberga el día del libro. Se sabe interesante, inteligente, sabio. A fuerza de la experiencia. Y aunque las rosas tiemblen y las estanterías se aligeren siempre es bueno saber que contigo, la gente, aprende un poquito. Aunque sea un poquito.

El mes de abril es un mes de playa. No hace frío, ni tampoco calor, los largos paseos por la orilla no abrasan y a nadie se le ocurre... A nadie menos a mí. Por eso los antiguos griegos le llamaron espuma, aphrilis. Para que nadie se olvidara que es un plan perfecto.

El mes de abril es tantas cosas... Y ahora vendrá a recordarme que ya no soy feliz.

El mes de abril solía ser mi favorito. El mes de abril me aventuré por tí casi sin pensar. Y apenas te percatas de ello. El mes de abril solía ser mi mes de abril. Pero este año, aunque lo guardaba en el cajón donde guardo el corazón... Escribo...

¿Quién me ha robado el mes de abril?



Se sentía triste y sola. Agotada.

- Y entonces...
- Entonces, ¿qué?
- Entonces, lluvia de verano...

Nada se puede hacer contra esta lluvia de verano sino dejar que llegue a empapar tu escencia, que espera paciente al arco iris.

Quizás esperé, y ahora sé que es en vano, que mataras monstruos por mí... ¿Por qué? ¿Por qué no lo entiendes?
Espera antes de entrar a la consulta del médico. Distraída. Como si la cosa no fuera con ella. Sus ojos se posan en un cartel que pide silencio. En los ojos de un niño que se debate entre dormir o ponerse a llorar. Se siente extraña, pero será la inflamación de garganta. Se siente lejos, pero puede que sea el mareo. Se dice. Sigue esperando. Pero sabe que no tiene cita. Así que no puede hacer otra cosa.

De pronto, sin previo aviso, las lágrimas se agolpan en sus ojos. Siente cómo la garganta se seca. Hace tremendos esfuerzos por no llorar. Se siente sola. Perdida. Y eso que sólo será una infección. Un antibiótico y a casa.

Recuerda. Y todavía se siente más sola. Baja la mirada, para que no vean sus lágrimas.

- ¿Estás bien?
- Sí, sólo me duele un poco... Pero se me pasará.
- ¿Qué te duele?

Y es incapaz de responder. Será la ternura con la que ella pronuncia las tres palabras. Será que está baja en defensas. Será que no ha dormido bien. Será que no le sienta nada bien estar malita. Será que echa de menos...

Pero no puede evitar que se le escape una lágrima que avergonzada se limita a esconder.

Será...

- Vámonos, por favor - Suplica.


Un día llamé a Bill y le dije: 'Tengo un nuevo personaje llamado The Bat-Man. En ese momento, sólo le había dibujado una pequeña máscara, similar a la que portaría eventualmente Robin. Bill me dijo: '¿Porqué no lo hacemos lucir más como un murciélago, dibujándole una capucha con dos hendiduras en los ojos, con tal de hacerlo más misterioso?' Hasta entonces, The Bat-Man vestía un traje rojo.

¿Un Batman vestido de rojo? ¿Eing? No, no, no y no.

Las alas, los calzones y la máscara eran de color negro. Yo pensaba que el rojo y el negro serían una buena combinación, sin embargo Bill me dijo que la vestimenta resultaba demasiado brillante.

Evidente, chico... Los hombres, que desde los principios de los tiempos no saben combinar colores...

Me sugirió al respecto: 'Coloréalo de gris oscuro para darle un toque más siniestro'. La capa lucía como un par de alas rígidas de murciélago, sujetas a los brazos. Cuando lo comentamos, concluimos que esas alas le estorbarían a Bat-Man en las escenas de acción,

Ajá.

Así que las convertimos en una capa con terminaciones triangulares para que luciera verdaderamente como el ala de un murciélago cuando estuviera peleando o columpiándose sobre una cuerda. Además, desde un inicio Batman no llevaba guantes,

¿Un superhéroe sin guantes? Los inicios son duros, incluso para un superhéroe...

Batman y Robin, Tom y Jerry, el Gordo y el Flaco, Simon & Garfunkel... Inseparables. Ciertamente lo son. Y no les culpo, es mejor vivir en compañía. Pero, es un apretón de manos después de un trabajo bien hecho y el superhéroe se queda solo. O la superheroína, quién sabe.

- Creo que voy a cambiarme el nombre... - dice ella, casi sin pensar.
- ¿Sí? ¿Y qué nombre te vas a poner?

Se queda callada un momento. Concentrada. Buscando en su mente el esperpento. Al final exclama:

- ... Batman.

Y lo dice seria. Sin ningún tipo de reparo. Pronunciando todas las letras despacio. Y él la cree. Porque le encanta. Aunque sepa que acabará convirtiéndose en Robin...

***

- ¿Sabes? Ayer leí que en Australia te cambian el nombre por 60 euros...
- Ahm... ¿Estás pensando en cambiártelo?

Ella sonríe.

- Claro...
- Hombre-Murciélago, ¿cierto? No sé como quedará, espera... Hola, te presento a mi novia. Se llama, bueno, esto, se llama... Batman... Pero creo que podría acostumbrarme...

Pero no le importa. Porque ella le encanta y no le importará convertirse en Robin.

***

- ¿Sabes? El caballero oscuro tiene miedo de la noche, no es tan fuerte como creía, y no tiene superpoderes. Mecahcis, tenía que haber pedido otro superhéroe, ¿puedo cambiar?
- Ah, no no, eso sí que no...
- Pero, pero...
- No.

Porque aunque le sigue encantando, ya ha comprado un disfraz de Batman para ella. Y cambiar ahora...

- Igual me estoy precipitando con eso del cambio de nombre. Además ahora es mi santo y...
Y él sonríe, porque le sigue encantado.

***

- ¿De qué has hablado hoy, cariño?
- De superhéroes.
- Ah. Muy bien.





Igual me estoy precipitando pero empiezo a echarte de menos... Y creo que no es bueno, ¿verdad? No me creía capaz de escribir tanto acerca de superhéroe.
- ¿Te apetecería tomar un café conmigo?

Así, sin más. Alguien a quien no conoces de nada dispara. Alguien que ha tropezado contigo en la calle y que amablemente ha recogido tus libros, papeles y demás. Alguien que se ha fijado en que tienes una sonrisa triste, la mirada perdida, 29 años y todo tu ser parece gritar que necesitas un hombro en quien llorar. O eso es lo que él cree. Y ese alguien pregunta si te apetece un café.

Ella no contesta. Le lanza una mirada inescrutable y se deja arrastrar más por pereza que por curiosidad a una cafetería cercana. El tiempo se suspende y ya no hay reuniones, entregas de proyectos ni libros a medias.

- ¿Te gusta el café? - Pregunta ella.
- Sí. Me gusta solo. Amargo. ¿Y a ti?
- A mi acompañado. Y dulce.
- ¿Por algo en especial?
- Sí. Yo ya estoy lo suficientemente sola y la vida ya es lo suficientemente amarga.

Él sonrie, sin levantar la mirada. Se sabe fuera de lugar en el mismo momento en el que bucea en sus ojos. Pero eso, a él, no le detiene, conquistador de sonrisa fácil y mentirosa. Peina sus primeras canas. Se sabe atractivo.

- ¿Te han invitado alguna vez a tomar café para desayunar?
- No. Nunca.
- ¿Por alguna razón en especial?
- Sí. Yo no tomo café.

La conversación podría haber seguido. Podría haber salido bien. Podrían haber dejado pasar los minutos, las horas, los días, el ya te llamaré y el esperaré tu llamada. Pero era una pérdida de tiempo. No funciona así. Y él lo sabía.

Dulcemente la chica le dice que no. Sus ojos piden a gritos que la disculpe, como si fuera ella la culpable. Se levanta sin hacer ruido y sin despedirse sale a la calle. Desaparece.

Y él torpe, tarda un segundo más de la cuenta en saber que es diferente. Que es única. Y que jamás encontarará nadie como ella. Se levanta y deja caer la silla, ruido ensordecedor, abre la puerta y chirría, se cierra de golpe. Mira entre la gente, queriendo recuperar esos ojos transparentes y puros. Pero es imposible. Ha desaparecido. Se siente perdido, y alguien le hace un favor. Escucha algo, no sabe muy bien de donde viene la voz...

- Es un ángel, le dicen.

A partir de entonces le gustará el café acompañado. Y dulce.

Y su vida cambia para siempre.
A veces es fácil sentir que eres el único en el mundo que está luchando, que está frustrado o insatisfecho, quedándose atrás. Pero ese sentimiento es mentira.

Y si aguantas, si encuentras el coraje necesario para enfrentarte a todo un día más... Algo o alguien te encontrará y hará que las cosas sean mejores. Porque todos necesitamos un poco de ayuda a veces. Alguien que nos ayude a escuchar la música del mundo. Alguien que nos recuerde que no siempre será así.

Me dijeron que habría alguien ahí fuera... Y que ese alguien me encontraría. ¿Será verdad o sólo un final triste que se asemeja tanto a la realidad que no me permite soñar? Hablo de verdad, como si fuera mía... Seré estúpida, la única verdad es que me quedo fuera. Siempre me quedo fuera.



What do I do when my love is away... Y la canción sigue, inevitablemente, con sus acordes, con sus notas, con su letra... Get high with a little help of my friends...













Ahora ya poco importa, no te molestes, me vuelvo a mi burbuja de cristal. Espero poder volver a unir los pedazos.

Sé sincera... ¿A que no te apetece ir?
Si es que, verás, no lo hago por mí...

Me miré al espejo una última vez por aquel año. No me reconocí. Se escapó una lágrima, la última del año, y se corrió el rímel. Y yo, que nunca me pinto los ojos, me encontré desmaquillándome y volviendo a maquillarme, sólo por ti. Recuerdo que aquella noche hacía frío. Demasiado para poder echarme sólamente el chal por los hombros. Tomé prestado un abrigo que me quedaba grande, igual que todo lo que llevaba debajo. Pero no tan grande como el gigante al que me iba a enfrentar.

Me asomé, tímida, a la calle. Allí estaba él. Sonriente, traje de chaqueta y mocasines. Le abracé y le deseé un feliz año, que se quedó corto para todo lo que deseaba decirle. Me regaló un noche mágica, me llevó al lugar donde empezaronn a crecer los primeros sueños, me habló de lo que deseaba y bailamos. Su carta, la música, la luz... Y él. Todo fue fue perfecto. Tanto que volvió a escapar una lágrima, la primera lágrima del año. Y me abracé a él con fuerza. Y sí, ahora lo sé, con un miedo infinito a perderle.

No sé cuánto tiempo estuvimos abrazados. Sólo sé que cerré los ojos y lo sentí cerca. Tantas cosas por vivir que siento que el tiempo se me escapa, que el tiempo se nos escurre entre los dedos. Que siento que me pierdo y no encuentro la salida de este laberinto.

Me regalaste una noche casi mágica. Y lo entiendo. A lo del casi me refiero. Fui feliz, muy feliz, no lo dudes. Pero sé que aún me quedan muchos más momentos de felicidad que quiero vivir a tu lado, si me dejas. Y quiero vivirlos casi tanto como miedo tengo a vivirlos. Y sólo el tiempo y quizás la próxima Navidad, tienen la respuesta.
¿Sabes? Me hubiera gustado congelar aquel segundo en el que Orfeo, el chico de Eurídice, se vuelve a mirarla. Si hubiera podido congelar ese momento nunca más hubieran estado separados. Viviendo en un instante infinito, juntos y nada más. Algún día sabrás por qué.

...Ven, cierra los ojos que te llevo a un lugar...

Protegidas!

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