A veces pienso en cómo sería mi propia banda sonora. Me la imagino interpretada por un piano. Clásica. Con cambios a pop ochentero y rock inglés. Sé que a veces dejaré encendida la radio, sólo para ver cómo cambia el mundo. Porque la música es el reflejo de lo que vivimos. Hay muchas maneras de ver el mundo y la música es una más. También formarían parte de esa banda sonora los momentos en los que aterrice una atmósfera silenciosa a mi alrededor. Pero no ocurrirá nada. Será mejor , entonces, que siga sonando mi música como si nada hubiera pasado. A veces pienso que en la vida no suena la canción perfecta en el momento exacto. Igual nunca tendré mi propia banda sonora. Para qué engañarnos. Éso sólo pasa en las películas.

Hoy, querido diario, he decidido sincerarme. No sé por qué hoy, ni tampoco por qué ahora. Y lo cierto es que ya llevo días queriendo decírselo a alguien, queriendo explotar, pero no he sabido muy bien cómo hacerlo, ni a quién contárselo. Supongo que no soy bueno en eso de las palabras. Sé muy bien lo que quiero decir y cómo quiero expresarlo, pero a la hora de la verdad, en blanco. Algo influirán los suspensos en lengua. Bueno, yo… Creo que sé por dónde empezar, ¿por dónde si no? Por el principio. Y todo esto ocurrió una mañana, de esas en las que crees que no va a ocurrir nada. ¿Sabes? Si algo he aprendido es que son esas mañanas las preocupantes, son las que más probabilidad de actividad frenética poseen. ¿Por dónde iba? ¡Ah! Sí, la confesión. Salía del metro. Iba andando por la calle. Sin preocuparme de nada, cuando de pron…Cuando de …Vay, se est acaband la tint…


Esta es la historia de un pianista. Mientras tocaba, su emoción era tal, que en el punto álgido de la obra, al ir a atacar EL acorde, cogió demasiado impulso. Bajó tanto las muñecas, que se le torcieron los dedos hacia arriba. En vez de un fa#m7-5, comenzó a sonar un crac-crac-crac-crac-crac (uno por cada dedo... esto sí fue todo un acorde de quinta aumentada)

Desde entonces, vive con los dedos en ángulo recto. En sus conciertos tiene que tocar colgado del techo, para poder tocar las teclas con las yemas de los dedos, como hacía antes. Mientras le aplauden, se inclina hacia arriba y se incorpora uno poco, para que no le baje demasiado la sangre a la cabeza.


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La gente se marcha, las luces se apagan y el teatro se queda vacío. Las líneas que tanto han costado de memorizar se olvidan. Los pasos de baile que tanto han costado aprender dejan de tener sentido porque la música no vuelve a sonar. Las butacas estarán vacías pero nadie se ha dado cuenta de que aún queda alguien que se niega a marcharse, porque mientras te quedas solo en escena recuerdas a todos los que han pisado el escenario. Cada representación es única e irrepetible, aún así yo prefiero los ensayos. Son más auténticos. Y tienen como protagonista a la chica que intenta desaparecer el día del estreno. Pero todas las historias se acaban. Cae el telón, las luces se apagan y el teatro se queda vacío.

Espero María que el telón jamás baje para ti...Creo que empiezas otra vez, ¿no?Allí estaré, en primera fila...


Siempre ocurría lo mismo. Disfrutaba tanto en el lugar en el que se escondía que a veces se olvidaba del día de regreso. Eso sí, no se sabe muy bien por qué pero nunca perdía el avión. Por golpes de suerte, quizás, o del destino a pocas horas de salir recordaba el momento y el lugar de la hora de salida. Esta vez no iba a ser una excepción. La sobremesa se había alargado un poco más de lo previsto, pero en apenas diez minutos lo tenía todo recogido. Se despidió prometiendo volver pronto y lanzando un beso al aire. Siempre, siempre, siempre decía que no había olvidado nada. Pero, esta vez… Bueno, aquí está, brillante, el zapato olvidado. Me pregunto qué pasará cuando abra la maleta. Esta es capaz de volver.

Un beso Ana!


Siempre me he preguntado cuál fue la primera palabra que pronuncié. Nadie sabe decírmelo con exactitud. Pero prefiero imaginármela a conocer la verdad. A veces, sin darnos cuenta hablamos más de lo que deberíamos, farfullamos palabras incoherentes que si pensáramos un poco no nos atreveríamos a articular. Esas palabras nos impulsan a tomar decisiones, a hablar de sentimientos y en definitiva a decir estupideces. Quizás deberíamos aprender a escuchar, sólo para no creer todas las tonterías que se dicen. Para aprender a distinguir la mentira de lo que parece la verdad. No te voy a engañar, la verdad no tiene palabras para ser expresada. Siempre me he preguntado cuál fue la primera palabra que pronuncié, pero siempre he sabido cuál va a ser la última. Como si fuera una broma del destino, la última palabra será fin, lo sé. Siempre es fin.

Protegidas!

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